El 6 de noviembre cambié el logo de Bajo Velo. No fue un capricho de una tarde: llevaba meses dándole vueltas, y el camino hasta llegar aquí tiene más curvas de las que esperaba. Cuento cómo fue, con los bocetos que se quedaron por el camino.
El punto de partida
El primer logo —lo llamo “el logo D” ahora, en pasado— era una bota de Jerez vista de frente, como de cristal: aire arriba, el velo de flor flotando, y la palabra «bajovelo» dentro del vino, literalmente bajo el velo. Me gustaba la idea. El problema es que una idea no siempre se sostiene cuando la pones a trabajar a tamaños pequeños, en blanco y negro, o al lado de una palabra que tiene que funcionar sola.

Dos consejos que lo cambiaron todo
Le enseñé el logo D a Noe y me dio dos avisos que no se me habían ocurrido. El primero: el velo, con sus ondas, parecía espuma de cerveza, no flor de vino. El segundo, más de fondo: la palabra «bajovelo» tenía que poder funcionar sola, sin el dibujo alrededor, como Coca-Cola o como Nike. Si la palabra no aguantaba de pie, el logo nunca iba a aguantar. También soltó una idea que resultó ser la semilla de todo: que la última O de «bajovelo» hiciera de círculo, de bota.
La O como bota, y un reposo
Me puse a explorar esa O: de frente, girada, con barriga. Salieron cosas que parecían un plátano, un tubo, un vaso, incluso un ánfora. Nada funcionaba. Lo guardé todo y lo dejé reposar unos días, que es lo que se hace con el fino cuando no está listo.
Lo que el capataz pinta con tiza
Mientras tanto me vino a la cabeza algo que tiene Jerez y casi nadie más: los símbolos que el capataz pinta con tiza en la bota para marcar cada vino. Cada tipo de vino lleva el suyo. Elegí el del amontillado, que es mi favorito: un círculo y dos palitos. Probé a hacer letras enteras con ese mismo trazo de tiza y no funcionó —no se leían, y a tamaño de sello daban más miedo que otra cosa— pero el gesto del amontillado se quedó rondando.
La O que se leía como A
La primera idea fue meter el símbolo del amontillado dentro de la O de «bajovelo». Problema: con los dos palitos asomando por fuera de la O, la palabra se leía «bajovelA» en vez de «bajovelo». Probé entonces a sacar esos palitos de la O y ponerlos en la b del principio, como una letra propia. De ahí nació la «b» del amontillado, que hoy es el símbolo de la marca: la b de «bajo», con la marca de tiza de mi vino favorito dentro.

Una palabra triste
Con la O limpia, «bajovelo» se quedaba sola y un poco triste: le faltaba algo. Probé una cola en la j, al estilo de la onda de Coca-Cola. No sirvió: la j con cola se leía como una i («baiovelo») o directamente como una L. A veces un camino cerrado también enseña algo.
La referencia que lo desbloqueó
Traje una referencia de fuera del vino de Jerez: el logo de Aalto, en Ribera del Duero, que pone el nombre y un símbolo pequeño arriba a la derecha. De ahí salió la primera versión en mayúsculas, BAJOVELO, con el amontillado como remate arriba a la derecha y «DESDE JEREZ» debajo.
BAJO arriba, VELO abajo
La siguiente idea fue mía: partir el nombre en dos líneas, BAJO arriba y VELO abajo, con DESDE JEREZ en medio, entre dos rayas finas. Esas rayas no son un adorno: son la línea del velo. Arriba del velo, BAJO. Abajo, VELO. El nombre se explica a sí mismo con solo mirarlo.
Después vino el último ajuste: meter los palitos del amontillado en la O de VELO, para que no colgaran sueltos a la derecha de la palabra, y apoyar la J en la línea del velo en vez de dejarla colgando por su cuenta. Con eso, el conjunto entero quedó compacto: dos palabras, una línea, y el único gesto gráfico —el amontillado— viviendo dentro de la última letra.

El acabado
Aquí es donde se nota si algo está realmente terminado o solo parece terminado. Los palitos siguen el contraste de la A de Cormorant Garamond —la pata derecha algo más gruesa que la izquierda— pero suavizado, para que no se lean como una A de verdad. Son algo curvos y desiguales, como el trazo de una tiza real, no una línea recta de regla. Y pasan por delante de la O, con un hueco fino entre el trazo y la letra: ese corte es la firma de la marca. Siempre que los palitos cruzan algo, lo hacen así, con ese hueco.
El espaciado entre letras lo ajusté a ojo, letra por letra, hasta que el blanco entre cada par se sintiera igual de denso. Y la versión en color papel —la que va sobre fondo oscuro— está dibujada un 3 % más fina que la de Tempranillo: un trazo claro sobre fondo oscuro siempre parece más grueso de lo que es, así que hay que compensarlo.
Lo que pasó con «DESDE JEREZ»
Al final hasta el lema se puso en duda. Probé «SIN PRISA», «HECHO CON PACIENCIA», «CON ATENCIÓN», «VINO CON TIEMPO» y «JEREZ» a secas. Todas decían algo cierto, pero ninguna tanto como «DESDE JEREZ»: es verdad, es corto, y dice desde dónde se mira el vino, no de qué se habla. Y «JEREZ» solo quedó descartado por una razón muy concreta: es una Denominación de Origen protegida, y no es mía para usarla así.
El sistema de apps
Ese hueco donde va «DESDE JEREZ» tiene truco: es el sitio exacto donde entra el nombre de cada proyecto de la casa. BAJO arriba, el nombre de la app en el medio, VELO abajo. El Cuaderno de Cata lleva CATAS. Nariz lleva NARIZ. La Trivia de D.O. lleva TRIVIA. Y así con Cru, Solera y la calculadora de frío. Fuera de las apps, ese hueco siempre dice DESDE JEREZ; dentro de cada app, dice su nombre. Un mismo logo, con una ventana que cambia según dónde estés.

Dónde va a vivir
El logo es oficial desde el 6 de noviembre de 2026, pero ponerlo en todas partes es trabajo aparte, y va entrando poco a poco: primero aquí, en el blog, y después en Catas, Nariz y el resto de la casa. Ya tiene su sitio pensado en la firma del correo y, fuera de la pantalla, en una camiseta burdeos para la Guía Peñín: la «b» del amontillado sola en el pecho, a 10 cm, y el bloque completo en la espalda, a 24 cm, en color papel.
Los datos, para quien quiera el detalle
La letra es Cormorant Garamond 600 en BAJO VELO y Manrope en DESDE JEREZ. Los colores son Tempranillo (#561922) y papel (#fdf9f4), los mismos de siempre. Nada de esto cambia la paleta ni la tipografía del blog: este logo nace de ahí, no al revés.
Esto lo escribí con ayuda de Claude, que fue el que llevó el proceso de diseño conmigo paso a paso —explorando, descartando, puliendo el detalle de los palitos— y el que luego ha convertido esa conversación en este texto. Yo puse el vino, el criterio y la última palabra en cada decisión.
Escrito por Israel Vivo en Jerez. Escribo sobre vino, construyo herramientas para aprenderlo.


