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Autor Israel Ramírez Israel

Dentro de la bota: una zambullida bajo el velo de flor

He recreado en 3D el interior de una bota de fino: el velo de flor, la luz que entra por la boca y lo que se ve desde dentro del vino. Se visita en el navegador, con sonido.

Interior de una bota de fino recreado en 3D, con un haz de luz que entra por la boca y cae sobre el velo de flor

Nadie ha visto nunca un fino por dentro mientras se cría. La bota está cerrada, a oscuras, y lo que pasa ahí dentro durante años solo se intuye por una foto de una bota con el fondo de cristal, de las que hay en algunas bodegas para enseñarlo. Así que he hecho lo siguiente mejor: meter una cámara.

Dentro de la bota es una experiencia en 3D que se abre en el navegador. Dura un minuto y medio, va con música y con la voz de Maia contándolo casi en susurro, y en un momento la cámara atraviesa el velo y se queda debajo, dentro del vino.

Qué se ve ahí dentro

Una bota de 600 litros tumbada, llena solo hasta cinco sextos, como se hace en Jerez con los vinos de crianza biológica. Ese hueco de arriba no es un descuido: es el aire que necesita el velo para vivir.

El velo de flor es la capa blanquecina que flota sobre el vino. Son levaduras vivas que forman una película fina y continua, con su arruga y sus parches. Se alimentan del propio vino y, a cambio, lo aíslan del aire. Por eso un fino sale tan pálido y tan seco, y por eso sabe a lo que sabe. Si el vino pasa del 16 % de alcohol, el velo no aguanta: es la razón de que el oloroso se encabece a 17 y el fino se quede en 15.

Al bajar, el velo se ve desde abajo como en las fotos de las botas de cristal: una lámina de la que cuelgan flecos, y el vino encendido en oro y naranja donde le llega la luz.

Lo que es real y lo que es licencia

La geometría sí es la de una bota: 24 duelas, sus fondos, el abombado y el nivel del vino calculado para que el hueco sea exactamente un sexto del volumen. La madera está oscurecida y manchada como la de una bota con años de vino encima.

La luz es la licencia. En una bodega de verdad, dentro de la bota está casi a oscuras. Aquí entra un haz de sol por la boca porque sin luz no habría nada que ver, y porque ese haz cayendo sobre el velo es la imagen que mejor explica lo que pasa: arriba el aire, en medio el velo, abajo el vino protegido.

Cómo se construyó

Es una sola página web, sin librerías, que dibuja la escena en tiempo real con la tarjeta gráfica del móvil o del ordenador. Cada píxel se calcula trazando un rayo de luz por dentro de la bota: el haz que entra por la boca se calcula de forma exacta, comprobando si cada punto ve el agujero, y el polvo solo brilla cuando cruza la luz. El velo se mueve despacio, como una piel que respira sobre el vino, y la resolución se ajusta sola para que vaya fluido en cualquier aparato.

Lo construí con Claude Code, igual que el simulador de solera. La referencia fue una web que recrea el océano en tiempo real; la pregunta fue si se podía hacer algo así dentro de una bota de Jerez. El criterio de cómo tenía que ser el velo lo puse yo, con fotos de botas de cristal delante: que no pareciera una masa, que fuera una lámina fina, que por debajo colgaran los flecos. La voz es Maia, la misma de Operación Velo.

Si quieres saber más sobre el velo antes de entrar, está el artículo sobre el velo de flor. Y si quieres entrar ya, ponte auriculares: jerez.bajovelo.com/velo.

Israel Ramírez Escrito por Israel Vivo en Jerez. Escribo sobre vino, construyo herramientas para aprenderlo.

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