Alguien que estaba empezando la semana 1 casi lo deja. No por el vino, sino por el vocabulario: «ácido málico» aparecía como si todo el mundo supiera ya qué es eso. Y tenía razón — el glosario existía, pero estaba a un clic de distancia, en otra pestaña, rompiendo la lectura justo cuando más enganchaba.
Así que El Cuaderno de Juego suma dos piezas nuevas esta semana: un diccionario que vive dentro de la propia lección, y un examen final por módulo que de verdad se juega, no se rellena.
Un diccionario que no obliga a salir de la página
Cada término técnico que aparece en el texto de una lección —esté en negrita o no— sale subrayado con puntos. Al tocarlo, aparece su definición en una tarjeta flotante, ahí mismo, sin cambiar de página ni perder el sitio por donde ibas leyendo. Es el mismo gesto de tocar una palabra en un Kindle para ver su significado.
No es contenido nuevo: tira del Glosario que ya existía, solo que ahora aparece justo cuando hace falta y desaparece cuando ya no. Marca solo la primera vez que sale cada término en la lección — si «pruina» aparece cinco veces, solo la primera lleva el subrayado, para no llenar el texto de rayitas.
El examen final de cada módulo
Cada uno de los diez módulos —cuatro lecciones— remata ahora en un examen interactivo, en /cursos/cuaderno-de-juego/examen/<mes>. No es un test de toda la vida: mezcla cuatro mecánicas distintas.
- El clásico, pero visual. Pregunta y opciones, con la correcta y la tuya coloreadas al momento.
- El deslizador. En vez de elegir una opción, apuestas un número moviendo un slider — la altitud de un viñedo, una temperatura de servicio, un grado de presión en una botella de espumoso— y ves lo lejos o cerca que quedaste de la respuesta real.
- El tinder de maridaje. Solo en diciembre, que es el único mes que trata de verdad sobre maridaje: una tarjeta con un plato y un vino, y decides si marida o no. Acierta o falla, con un pequeño golpe de efecto al decidir.
- La pregunta de nariz. Si tienes a mano el estuche de aromas Le Nez du Vin, hueles el frasco y respondes qué sensación en boca va con ese aroma. Si no lo tienes, se salta sin ninguna penalización — no hace falta el estuche para sacar el examen.
Cada examen tiene un banco de unas treinta preguntas del que se sortean veinte al azar y en orden distinto cada vez que lo intentas, así que no sale siempre el mismo examen. Acertar el 100% desbloquea la Caja Fuerte — confeti en la pantalla y un enlace directo a las botellas de ese módulo en el Botellero. Por debajo del 100% pero por encima del 75% queda «aprobado»; menos que eso, invita a repasar y volver a intentarlo sin ningún drama.
El repaso, antes de llegar ahí
Para que el examen final no coja a nadie de sorpresa, cada lección de teoría suma ahora dos cosas más discretas: al principio, una pregunta rápida de «¿lo tenías claro?» —el típico malentendido de esa semana, convertido en pregunta, para picar la curiosidad antes de leer—; y al final, un repaso de tres preguntas que hay que acertar las tres para que la lección cuente. Solo cuando las cuatro lecciones de un módulo están repasadas se desbloquea su examen final.
Sigue siendo gratis y sin registro
Nada de esto cambia cómo funciona el curso: se lee en el navegador, no hace falta cuenta ni newsletter, y las 40 semanas ya publicadas se quedan ahí para hacerlas al ritmo que quieras. Solo que ahora, si un tecnicismo no queda claro, tiene solución en el sitio, y si te apetece ponerte a prueba al cerrar un mes, ya hay un juego de verdad esperando.


