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Autor Bajo Velo
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VINEA: cómo se construye un año de viña en un juego

La historia de VINEA, el juego donde podas, azufras y decides la vendimia. De cuestionario ilustrado a roguelike agrícola, iterando con IA mecánica a mecánica.

Ilustración estilo pixel art de un viñedo dorado en vendimia, con casa de viña encalada, tractor rojo y vendimiadores entre las cepas

Todo empezó con una pregunta sencilla: ¿por qué entender el ciclo de la vid exige leer manuales áridos? El ciclo anual de una viña es una historia con tensión narrativa — heladas que acechan, hongos que esperan su momento, un mercado que sube y baja, y una única recompensa al final del año. Eso no es un temario. Eso es un juego esperando a que alguien lo escriba.

VINEA es el resultado: heredas una viña y la trabajas un año completo, mes a mes, desde que cae la hoja en noviembre hasta que la uva entra en el lagar. Se juega en el navegador, gratis, en bajovelo.com/vinea.

De cuestionario a juego

La primera versión era honesta pero plana: cada mes, una pregunta con tres opciones y un dibujo encima. Funcionaba como lección y fracasaba como juego — en cuanto sabías que en Jerez se aserpia en noviembre, noviembre dejaba de existir como decisión.

La solución vino por capas, y cada capa nació de una frustración concreta de jugarlo. ¿Sabías la respuesta correcta y ya está? Ahora cada faena cuesta jornales y dinero: tu cuadrilla propia cubre cuatro jornales al mes, el resto se contrata, y la poda buena vale el triple que la chapuza. Saber qué toca no basta; hay que poder pagarlo. ¿Todos los años eran iguales? Ahora cada partida sortea una añada (lluviosa, seca, calurosa…) que carga los dados del clima, el precio de la uva es un rumor que deriva hasta vendimia, y entre los meses irrumpen granizadas a destiempo, jabalíes en envero o un corredor de bodega ofreciendo fijar el precio por contrato. La misma viña no se trabaja igual dos veces.

El cuaderno que se escribe fallando

La mecánica de la que estoy más orgulloso es la más simple. El primer año se juega a ciegas: sin pistas, decidiendo con lo que sepas. Pero cada faena —la aciertes o no— deja un apunte en un cuaderno de campo que persiste entre partidas. Al año siguiente, esos apuntes aparecen antes de decidir.

El conocimiento del juego es literalmente el que tú has ido ganando. No hay tutorial: hay años. Que es exactamente como se ha escrito siempre el cuaderno de un viticultor de verdad — equivocándose con la helada de abril una vez, y no volviéndose a equivocar.

Cuatro paisajes, cuatro maneras de tener miedo

Jerez fue el punto de partida natural: el levante, el poniente, el cenizo sobre la albariza, la poda en vara y pulgar. Pero el ciclo de la vid cambia de acento según dónde se viva, y esa comparación es media educación. Así que el juego creció: Rioja con su helada de abril y su pedrisco de verano, Rías Baixas con el mildiu royendo el emparrado de granito sobre la ría, Burdeos con la gelée y la vendimia por variedades a la sombra del château.

Cada región tiene su paisaje dibujado, su sistema de conducción, su uva, su calendario y su escala de grado. Y cada una es una finca aparte, con su caja y sus mejoras — el mulo que compras en Jerez no cruza a Burdeos. Lo único que viaja contigo es lo aprendido.

Construido conversando

Técnicamente, VINEA es lo más artesanal que he publicado: HTML, CSS y JavaScript sin un solo framework ni dependencia. La escena se dibuja proceduralmente en un canvas de 320×180 píxeles — cielos que cambian con los meses, cepas que brotan y maduran, podadores y sulfatadores animados según la época, un tractor que cruza el fondo. Todo el progreso vive en tu navegador.

El proceso de construcción fue una conversación con Claude, la IA de Anthropic, iterando mecánica a mecánica: yo jugaba, detectaba lo que no funcionaba —“esto parece un test, no un juego”, “siempre contesto las mismas doce preguntas”— y la siguiente versión atacaba exactamente eso. La IA escribió código y contenido; el criterio de qué era un juego y qué era un cuestionario, el rigor de la viticultura y la decisión de cuándo parar fueron siempre humanos. Como en el resto del taller: la IA multiplica, no decide.

Un año más

VINEA está vivo y seguirá creciendo: más decisiones alternativas por región, quizá nuevas zonas, seguro que nuevos sucesos. Si lo juegas y algo te chirría —un dato, un precio, una helada injusta— me lo cuentas y lo afinamos.

Mientras tanto, ahí fuera está noviembre esperando. La hoja ha caído, el suelo pide aserpia y tu cuaderno está en blanco.

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