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El Cuaderno de Juego · Mayo — El triángulo de la crianza biológica

El velo que se come el oxígeno

Máxima inmersión en el velo de flor, las albarizas y los sistemas dinámicos de crianza.

En la crianza oxidativa, el oxígeno llega al vino y lo ataca sin más. La crianza biológica resuelve el mismo problema —qué hacer con el aire— de una forma mucho más rara: deja crecer, sobre la superficie del vino, un velo vivo de levaduras que flota justo en la frontera entre el líquido y el aire.

Ese velo no es un simple tapón. Mientras las levaduras de la fermentación trabajan sin oxígeno y fabrican alcohol a partir del azúcar, las de este velo hacen justo lo contrario en cuanto el azúcar se acaba: cambian a un metabolismo estrictamente oxidativo y empiezan a alimentarse directamente del etanol disuelto, transformándolo en acetaldehído, CO₂ y agua. De paso, consumen también los ácidos orgánicos del vino —de ahí que baje notablemente su acidez total— y, cuando mueren y se descomponen, sueltan al vino un perfil propio de notas de panadería, frutos secos y un punto amargo en el final.

La protección que ofrece este velo funciona en dos capas a la vez. Primero, de forma física: la propia balsa de levaduras bloquea el contacto directo entre el vino y el aire. Segundo, de forma biológica, y esta es la parte menos intuitiva: como esas levaduras necesitan oxígeno para su propio metabolismo, consumen el gas disponible en esa fina interfaz antes de que le dé tiempo a disolverse en el líquido y oxidarlo. El vino no se libra del oxígeno por estar aislado del aire, sino porque algo vivo se lo come primero.

Este fenómeno no es exclusivo de un solo rincón del mundo. En el Jura francés, el vino de la uva savagnin se cría igual, «sous voile» —bajo el velo—, durante años, hasta desarrollar notas de nuez, avellana tostada y esa especia tan característica que recuerda al curry; en el proceso, además, pierde por evaporación una parte muy grande de su volumen original. Y en Cerdeña, la Vernaccia di Oristano pasa por una crianza biológica con el mismo mecanismo de fondo. Distinta uva, distinta costa, el mismo velo vivo haciendo el mismo trabajo.

Con esto en la cabeza —un velo que no tapa, sino que consume—, cada semana de este módulo te va a llevar a un sitio distinto donde ese mecanismo se pone a prueba.